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domingo, 7 de octubre de 2012

Un libro para recomendar

Historias poco conocidas de famosos y sus gatos (y también no famosos). Anécdotas, historias reales de complicidad, habilidades, amor incondicional. Libro divertido y nada superficial. Recomendable.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Gato Celta



Existen muy diversas y muy curiosas leyendas sobre los gatos.

Para la cultura celta, los ojos del gato eran un portal hacia el reino de las hadas.

Entre los machica, pueblo predecesor de los incas, el gato era considerado que albergaba
el espíritu de un antepasado perteneciente a una raza extraterrena.

Una leyenda oriental cuenta que el gato había siempre sido el encargado de vigilar las ánforas de oro en los templos, y que fue por eso que a fuerza de tanto mirar las ánforas, porque ponía mucho celo en cumplir muy bien su misión, sus ojos se hicieron estrábicos, y la cola le quedó torneada por sujetar las asas de las ánforas.

sábado, 3 de abril de 2010

Afrodita y la gata


Una gata, que se había enamorado de un hermoso joven, rogó a Afrodita que la hiciera mujer. La diosa, compadecida de su deseo, la transformó en una bella doncella y entonces el joven, atraído por su belleza, la invitó a su casa.
Estaban ambos descansando en la alcoba nupcial, cuando Afrodita quiso saber si al cambiar la joven el aspecto de gata, había mudado también su carácter, por lo que soltó un ratón en el centro de la alcoba.
La gata, olvidándose de su condición presente, se levantó del lecho y persiguió al ratón para comérselo. Entonces la diosa, indignada, la volvió a su original estado.
***
Mmm, muchas cosas en este texto de Esopo.
Lo primero que salta a la vista, es el ratón... No, jejeje, digo... lo primero, es que por más que cambiemos la apariencia externa, no cambia lo interno. La gatúbela, seguía siendo gatúbela... Ahora, qué mal Afrodita, por castigarla, por mantener su esencia, me parece... Después de todo, al joven lo único que le importó aparentemente, era la belleza... Al final, la gata estuvo natural... Y al joven, tampoco le preguntaron qué opinaba ¿¿? Porque después de todo, en una pareja, cuentan las 2 opiniones... Capaz si el joven en ese breve lapso se enamoró, digamos, si ella era su alma gemela... después también pedía para transformarse en gato... éste era el final que a mí me habría gustado, creo... Ahora, eso sí, esta Afrodita, qué ego gigantesco tiene, se quedó indignada porque la felina no valoró debidamente su acción transformadora... Uf, estas diosas...
Gracias La Gatósfera, por este texto. (lagatosfera.blogspot.com)

martes, 25 de agosto de 2009

El gato en la historia y en la literatura


Desde el momento en que el gato se cruzó a su esquiva manera en el camino del ser humano, su ascenso pareció imparable. En Egipto se le veneró como la amable y bondadosa diosa Bastet, la esposa con cabeza de gato del dios del sol Ra, y se le enterraba en cementerios propios, convertidos en monumentos. En cuanto los mercaderes lo introdujeron en Grecia y Roma y se descubrió su valor como cazador de ratones, comenzó su marcha triunfal por todo el mundo. En todas partes se consideró al gato como algo especial; se admiraba la mezcla de depredador independiente con el carácter dócil y cariñoso. Luego se produjo la caída. Con el florecimiento de las supersticiones hacia el 1200 D.C., la antigua diosa pasó a verse como una criatura maligna. Su carácter inescrutable y misterioso pasó a verse como un defecto. Durante 450 años los gatos fueron torturados y quemados por millones junto con ¨brujas¨ y ¨herejes¨. Pero esta caza despiadada se pagó con un amargo saldo. Ya no había quién pusiera coto a las ratas, que acarreaban la peste en las ciudades medievales. Los perseguidores de gatos también fueron diezmados a su vez.
Pero a comienzos del siglo XVIII volvió a brotar la estima por los gatos. Gracias a los escritores. La fascinación que esta criatura ejerció sobre poetas y pintores no ha remitido desde entonces.
El tintero no se vacía cuando se trata de gatos - escribió un poeta francés, que según sus propias palabras, había sido adoptado como compañero de vida por tres gatos.
Hay que tener el oído de un gato para poder distinguir la voz de una hormiga y la de un bichito de San Antonio - decía otro poeta.